Hace pocos días en Orito, el pueblo en el que vivo, las redes sociales se inundaron con publicaciones con la cinta negra, anunciando un sin numero de muertos por la pandemia, el gobierno de turno aumento las restricciones, alcance a mirar con tristezas las calles desoladas, parecía un pueblo abandonado, los pocos osados caminaban con sus tapa, se notaba el miedo a la muerte, las caras de preocupación de la gente.
En los últimos días el sol arremete con fuerza, las personas que temían han perdido el miedo a la muerte, se evidencia en la cantidad de personas que van hacia el rio, las discotecas se han trasladado a casas de familia, como los días pasan aumentan los números de participantes en las diversas llamadas reuniones familiares, los ríos se llenan de forma exagerada de personas en paseos de olla o simplemente por darse un baño al aire libre.
Lo anterior me hace recordar un dicho popular "El muerto al hueco y el vivo al baile", veo con alegría que el pueblo retorne a lo que se conoce como normalidad, me preocupa que la pandemia cobre con vidas el afán por divertirse, al final cada uno es libre para decidir que hacer con su vida, yo solo espero que ninguno de mis queridos sea afectado.
La imagen del parque de las manos la obtuve al inicio de la pandemia.
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